
El inesperado giro final de ‘How To Make A Killing’: ironía, traición y la nueva era del thriller A24
El poder de la sospecha: Así redefine ‘How To Make A Killing’ el thriller contemporáneo
En el saturado universo cinematográfico de los thrillers, la llegada de ‘How To Make A Killing’ de la mano de A24 marca un antes y un después. Dirigida y escrita por John Patton Ford, esta producción explora temas como la ambición desmedida, las lealtades quebradas y los dilemas morales que resuenan con fuerza en el espectador moderno.
Becket Redfellow: mucho más que una víctima o un verdugo
Glen Powell da vida a Becket Redfellow, un personaje que de entrada parece destinado a convertirse en el antihéroe definitivo. Tras eliminar a cada miembro de su propia familia para acercarse a una fortuna, Becket es apresado por un asesinato que en realidad no cometió. Sin embargo, la auténtica vuelta de tuerca llega cuando, al ser exonerado y liberado de prisión, su supuesto camino hacia la felicidad se revela plagado de ironía y vacío emocional.
La clave de ese vacío reside en Julia Steinway (interpretada por Margaret Qualley), la amiga de la infancia que en secreto orquesta un plan fatal para inculparlo. A pesar de todo, será ella quien finalmente lo “libere”, imponiéndole una única salida: huir con ella y abandonar toda posibilidad de redención con Ruth (Jessica Henwick), el verdadero amor de Becket. Henwick explica con contundencia que, en nuestra época, sería inverosímil ver a Ruth quedarse al lado de Becket después de semejantes tragedias. En palabras de la actriz: “Ruth tenía que salir, es simplemente demasiado deprimente continuar”.
Un desenlace que subierte al género: tragedia irónica y autodestrucción
Ford estructura el desenlace de ‘How To Make A Killing’ como una paradoja. Becket logra exactamente aquello por lo que luchó encarnizadamente –el acceso al poder y a la fortuna– pero lo consigue demasiado tarde y a un precio devastador. Como subraya el director, «al final, logra su meta, pero en el momento en que se da cuenta de que ya no la quiere». Así, Becket es libre físicamente, aunque emocionalmente queda encadenado a Julia, figura que simboliza el terror y el control, lejos de cualquier posible felicidad.
El final alternativo: más oscuro, menos permisivo
En una versión temprana del guión, Ford impulsaba a su protagonista hacia una decisión todavía más sombría: tras ser liberado, Becket se reencuentra con Ruth y su hijo recién nacido, pero opta deliberadamente por abandonar esa vida y marcharse con Julia. El propio estudio consideró demasiado cruel esta versión, sugiriendo que ni siquiera el público más empático podría perdonar semejante desenlace. Sin embargo, tanto la visión de Ford como la de Henwick ponderan la autenticidad de ese final alternativo, planteando una pregunta cruda: ¿cuánto de nosotros mismos sacrificaríamos por la comodidad y la riqueza, aunque eso signifique renunciar a todo lo que es auténtico?
Reparto y química: el rol de Glen Powell en la percepción del espectador
La elección de Glen Powell fue determinante. Como señala Ford, se trata de alguien con carisma nato, capaz de inspirar simpatía incluso mientras su personaje desciende a la villanía. Esta dualidad resulta esencial; permite que el espectador siga apoyando a Becket pese a sus crímenes y se interrogue sobre sus propios límites éticos. En el elenco también figuran nombres como Ed Harris, Bill Camp, Topher Grace y Zach Woods, quienes encarnan a los distintos Redfellow eliminados por Becket en su ruta al poder.
Una recepción polarizada: crítica, audiencia y la huida del final complaciente
Con una aceptación favorable entre el público (76% en Popcornmeter de Rotten Tomatoes), pero críticas más tibias (47%), ‘How To Make A Killing’ divide opiniones. Si bien una parte de la prensa especializada considera que la película no termina de arriesgar lo suficiente, el público parece valorar la mezcla de comedia negra, ironía y tragedia; elementos que forman parte del sello contemporáneo de la productora A24.
‘How To Make A Killing’ es mucho más que un thriller al uso; es un comentario ácido sobre la ambición, el coste de alcanzar objetivos ilusorios y la imposibilidad de escapar de las propias decisiones. El llanto de Becket al cruzar nuevamente las puertas de la mansión Redfellow no es solo suyo, sino también de todo aquel que ha perseguido un sueño para descubrir, demasiado tarde, que pertenecía a una pesadilla ajena.



