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Ghost Elephants: Werner Herzog explora los límites entre mito, ciencia y humanidad en su nuevo documental para Nat Geo

Werner Herzog y la búsqueda de lo desconocido en Ghost Elephants

El director alemán Werner Herzog vuelve a los focos con Ghost Elephants, una obra documental que rebasa los límites convencionales del género explorando los misterios y la esperanza que aún habitan en los rincones más remotos de África. Herzog, célebre por su capacidad de mezclar la introspección filosófica con una mirada aguda sobre la relación entre humanos y naturaleza, nos invita esta vez a adentrarnos en un territorio casi mitológico junto al biólogo sudafricano Steven Boyes.

La figura de Boyes y el mito del elefante fantasma

Steven Boyes es mucho más que el típico protagonista de una odisea documental. Su presencia—marcada por una barba entrecana y una mirada inquieta—invoca el espíritu de los personajes emblemáticos de Herzog, aunque en este caso la obsesión existencial se mezcla con un verdadero compromiso por la ciencia y la conservación. El objetivo: comprobar si aún existen descendientes del legendario elefante conocido como Henry, cuya existencia ronda la línea entre historia y mito.

Henry, una criatura de rasgos colosales que marcó una era de caza mayor y colonialismo, está conservado en la Smithsonian Institution tras haber sido abatido décadas atrás. El proyecto de Boyes, impulsado tanto por el rigor científico como por la fascinación que despierta en las culturas locales la figura del «elefante fantasma», desborda el simple registro de fauna para convertirse en un discurso sobre la identidad, la memoria y las posibilidades del futuro.

Un viaje entre tradición y modernidad

Ghost Elephants destaca por romper el molde de los documentales sobre exploradores occidentales al incorporar con sensibilidad y profundidad las perspectivas, conocimientos y rituales de los pueblos luso-angolanos y las comunidades San. Herzog logra un giro de guion admirable: en vez de retratar a los habitantes autóctonos como telón de fondo exótico, los sitúa como portadores de saberes milenarios, desde formas de tracking que desafían la tecnología contemporánea, hasta valores profundamente igualitarios que desafían los imaginarios occidentales.

La estructura de la película oscila entre imágenes majestuosas de sabanas y riberas africanas bañadas por la música etérea de Ernst Reijseger, y entrevistas íntimas que enriquecen el relato con matices filosóficos y emocionales. Las transiciones, a veces abruptas, buscan no sólo sorprender al espectador sino construir una narrativa polifónica sobre lo que significa sobrevivir y trascender en un mundo que cambia rápidamente.

Reflexión visual y ética sobre conservación y cultura

Uno de los aportes más poderosos de Ghost Elephants es su capacidad para cuestionar, tanto de forma frontal como sugerida, los supuestos racistas y eurocéntricos que han marcado el discurso sobre la naturaleza africana. Herzog no rehúye cuestiones incómodas sobre el impacto del colonialismo ni de la violencia extractivista, y utiliza la potencia evocadora de la imagen—como cuando sobrevuela un campo repleto de huesos de animales, en una escena que recuerda a clásicos como Night and Fog—para provocar reflexión ética.

El filme también se posiciona contra la caza deportiva, proponiendo una alternativa cargada de esperanza: filmar y registrar animales salvajes como un ejercicio de admiración y respeto en vez de dominación. Es una reivindicación del poder del audiovisual para transformar percepciones y revalorizar las tradiciones orales e históricas que resisten al olvido.

Ghost Elephants en la era del streaming

Con su estreno en diversas plataformas como National Geographic, Disney+ y Hulu, Ghost Elephants refuerza la tendencia contemporánea de llevar las grandes preguntas existenciales y medioambientales a audiencias globales, donde convergen tecnología, cultura pop y narración cinematográfica de alto impacto.

La propuesta de Herzog no es únicamente un viaje por África, sino un recorrido sensorial y reflexivo que desafía las fronteras entre ciencia, mito y cultura. Como anticipa el propio Boyes, tal vez lo verdaderamente importante no sea probar que existen los elefantes fantasmas, sino seguir buscándolos como símbolo de esperanza y resistencia en tiempos de crisis tanto ecológica como existencial.

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