
Las escenas más absurdas de Thrash, la película de tiburones de Netflix que desafía toda lógica
El legado inquebrantable de las películas de tiburones
Desde que Steven Spielberg marcó un antes y un después con Jaws, considerada por muchos como la película de horror más aterradora jamás filmada, el subgénero de tiburones asesinos ha intentado replicar ese éxito sin lograr alcanzar el mismo nivel de excelencia o temor genuino. A pesar de esto, el fascino por estos monstruos marinos se mantiene intacto y una nueva tendencia ha surgido: las producciones de tiburones que se valen del absurdo y lo ridículo para entretener al público.
En este mar de producciones, Netflix presenta Thrash, una película que ha dividido opiniones. Mientras algunos críticos le otorgan una acogida tibia, gran parte de la audiencia considera sus escenas tan esperpénticas que roban la atención, convirtiéndola en una experiencia inadvertidamente hilarante y llena de momentos surrealistas difíciles de olvidar.
Niños, tiburones y un chequeo de seguridad poco convincente
Una escena temprana eléctrica en su tono imposible plantea a tres niños jugando en un río durante la inminencia de un huracán, un escenario ya de por sí peligroso. Su método para verificar la seguridad acuática consiste en un «chequeo rápido de caimanes y serpientes» que no es más que una mirada fugaz al agua, suficiente para concluir que todo está bien. Este tipo de decisiones aporta una mezcla de ingenuidad y exceso de confianza que desafía cualquier instinto de supervivencia racional y preestablece el tono de la película: aquí no se pisa terreno serio.
Billy, el hombre que pierde el brazo pero no el humor
En la gama de clichés de las películas de tiburones, uno que nunca falta es el sobreviviente con heridas imposibles. Matt Nable interpreta a Billy, un personaje que vuelve a escena con un brazo mordido por un tiburón toro, pero sorprendentemente sin sangrar, sin torniquete, y manejando diálogos mordaces cargados de sarcasmo. Este recurso, lejos de buscar realismo, apunta a una caricatura que sostiene el humor involuntario del filme y extiende la vida del personaje más allá del límite lógico.
La «partería para principiantes» llevada al extremo
Con una protagonista embarazada, el público espera un momento de tensión real, pero en su lugar se encuentran con uno de los pasajes más absurdos de la película. Lisa, la mujer a punto de dar a luz, le pide a Dakota, una joven aterrorizada, que verifique cuán dilatado está su cuello uterino simplemente «mirándolo desde lejos.» La escena diluye cualquier atisbo de credibilidad médica e introduce una dosis inesperada de comicidad involuntaria mientras el peligro acecha bajo el agua.
Nellie, el gran tiburón blanco que roba cámara
Aunque los tiburones toro suelen ser retratados como los antagonistas más agresivos en las cintas de este tipo, Thrash le otorga protagonismo a Nellie, una gran tiburón blanco preñada tan imponente como ominosa. Su presencia visual y los planos submarinos que la muestran nos remiten inevitablemente a Jaws, aprovechando esa asociación icónica para hipnotizar a la audiencia mientras la tensión crece en la ciudad sumergida.
Una discusión surrealista a lo «¿dogs eating poop?»
Uno de los momentos más memorables y disparatados ocurre cuando Billy intenta convencer a unos niños de ayudarlo a sobrevivir, argumento que desafía la lógica al afirmar que «los tiburones no comen niños» y remata sosteniendo que tiene una «maldita muela». La conversación se torna tan loca que termina derivando en un debate absurdo sobre perros comiendo excremento. El episodio es el claro símbolo del tono irreverente de la película, mezclando horror y comedia en dosis extrañas.
Desafiando el miedo: agorafobia contra tiburones
Dakota, cuyo personaje arranca padeciendo agorafobia, logra superar su fobia a un nivel poco creíble, nadando en medio de aguas infestadas de tiburones a oscuras para conseguir un bote. El punto culminante de esta escena llega cuando, para distraer a los tiburones, decide reunir dispositivos que vibran, confiando en el conocimiento de vibraciones que los atraen. Este recurso rompe cualquier expectativa de realismo y prepara una situación que, aunque prometía ciertos clichés, resulta ser manipulada para generar humor en vez de suspenso.
El golpe de suerte definitivo en la historia de las películas de tiburones
En una secuencia que parece una homenaje a las explosiones icónicas de Jaws, un niño remonta una escena de alto riesgo con la suerte más improbable. Tras zambullirse para recuperar carne y municiones, logra escapar de un tiburón toro y termina pateándolo en la cabeza —un golpe que desafía la física y la narrativa— justo cuando el tiburón emerge violentamente. Esta escena ha sido comentada ampliamente por su mezcla de acción y absurdo puro.
La búsqueda desesperada del playlist para un parto en aguas crecidas
A medida que una casa se inunda rápidamente y el parto se acerca, Lisa busca frenéticamente su reproductor MP3 para encontrar la música calmante que podría ayudarla a sobrellevar el difícil momento. La ironía de un parto en medio de una inundación provocada por un fenómeno natural, con tiburones al acecho, se mezcla con elementos tan mundanos y modernos como la importancia de una lista musical predeterminada, añadiendo otra capa de extrañeza a la película.
Thrash se inserta en ese espacio donde la película de tiburones ya no se conforma con ser solo terror o suspense, sino que coquetea con el absurdo hasta dejar una mezcla inolvidable, que oscila entre el entretenimiento y la incredulidad. Para amantes del cine de monstruos marinos dispuesto a entregarse a la diversión sin etiquetas ni pretensiones, esta película cumple con ser todo menos predecible.



