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The Yeti: Un Monstruo que No Logra Generar la Tensión Esperada en el Género de Criaturas

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Un enfoque dividido entre terror y aventura poco efectivo

El cine de criaturas siempre ha sido un terreno fértil para la exploración de diversos enfoques narrativos, desde la combinación de terror y humor hasta el terror más puro y directo. Películas como el remake de Piraña de Alexandre Aja o Eight Legged Freaks de Ellory Elkayem muestran cómo se puede equilibrar el susto con toques de camp de forma efectiva y hasta divertida. En el otro extremo, encontramos producciones intensas y aterradoras como Sting, que se centran en generar miedo genuino sin espacio para la ligereza. The Yeti, dirigida por Gene Gallerano y William Pisciotta en sus debuts, intenta caminar un camino intermedio que termina resultando confuso y poco satisfactorio.

Un arranque prometedor con atmósfera y misterio

La película comienza con una premisa interesante: Ellie Bannister, hija de un reconocido aventurero, es reclutada para encontrar a su padre desaparecido durante una expedición en Alaska. Esta introducción posee un aire fresco ya que explora el miedo a lo desconocido mediante la sugestión y la tensión ambiental. La primera muerte, manejada con efectos prácticos que enriquecen su crudeza, consigue inquietar y otorgar esa sensación de peligro que cualquier buen filme de monstruos debe tener en su génesis.

El tono que adquiere cuando se presenta al equipo de rescate también tiene un sabor pulp, evocando en parte el estilo retro que hizo famosa a Captain America: The First Avenger. Esta mezcla le ofrece inicialmente a The Yeti un estilo y personalidad distintiva dentro del género.

La caída del ritmo y la inconsistencia tonal

Pero pronto, el filme pierde esa identidad. Al trasladar la acción al bosque de Alaska, la dirección se enreda en un horror convencional y monocorde que no logra generar verdadero suspenso. Las secuencias de personajes separados del grupo se sienten predecibles y carentes de emoción, en gran parte porque varios eventos clave ocurren fuera de cámara o son anticipados de manera demasiado obvia. Esta previsibilidad nivela hacia abajo cualquier expectativa de susto o tensión dramática.

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El guion, algo superficial, tampoco ayuda a levantar el interés por los personajes. A pesar de intentar profundizar en diversas personalidades y trasfondos, la narrativa no logra conferirles peso o tridimensionalidad, y muchos mueren sin que realmente causen impacto en el espectador. Incluso se corre el riesgo de olvidar quién es quién, lo que diluye el vínculo emocional y la inversión en sus destinos.

Un elenco sólido en medio de la mediocridad

Dentro del reparto, destaca la actuación de Brittany Allen, quien aporta una mezcla de escepticismo y sensibilidad a Ellie, un contrapunto necesario frente al predominio masculino del grupo de rescate. Jim Cummings también sostiene una presencia significativa, interpretando a un personaje que representa una de las pocas voces sensatas en la trama. La buena química y compromiso del elenco es uno de los puntos rescatables dentro de una película que intenta dar mucho más de lo que finalmente alcanza.

Dirección y ambientación: lo positivo detrás de las cámaras

En términos técnicos, Gallerano y Pisciotta muestran un ojo estilístico notable. Junto al director de fotografía Joel Froome, explotan la locación y los detalles de época para crear una atmósfera inmersiva, logrando que la narrativa se sienta enraizada en un mundo tangible y creíble. Además, mantener a la misteriosa criatura fuera de escena durante gran parte del metraje es un recurso inteligente que aumenta la intriga y da más peso a su aparición final.

Sin embargo, estos aciertos no logran contrarrestar el conjunto de problemas estructurales, sobre todo cuando el ritmo se vuelve errático y la mezcla de tonos carece de cohesión. El desenlace, que parece buscar una carga emocional potente, termina quedándose corto y no logra conectar con el espectador.

Una película que deja ganas de más monstruos bien logrados

The Yeti se presenta como un proyecto con ideas interesantes y buenas intenciones, pero que no consigue mantenerse firme en ninguna de las direcciones que escoge. A día de hoy, la búsqueda de un filme que realmente capture la magnitud y el misterio que un monstruo ancestral como el Yeti puede ofrecer sigue abierta. Para los amantes del cine de criaturas, la espera continúa mientras nuevas propuestas innovadoras y con mejor ejecución surgen en el horizonte.

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