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La Complejidad del Protagonista Irredeemable en Hokum Revoluciona el Folk Horror

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Adam Scott rompe moldes con un papel oscuro en Hokum

Adam Scott, conocido por sus roles carismáticos en comedias románticas como Sleeping with Other People y la icónica serie Parks and Recreation, desafía su típico registro actoral interpretando a Ohm Bauman, un protagonista visceralmente inadaptado en la película de terror folk Hokum. Esta faceta menos amable de Scott aporta una nueva dimensión a la narrativa, evidenciando su versatilidad y arriesgando en un género que combina lo sobrenatural con la introspección personal.

Un personaje que destierra la simpatía convencional

Bauman, un escritor popular, llega a un hotel remoto en Irlanda para esparcir las cenizas de sus padres. Sin embargo, lejos de encontrar la paz que ansía para superar su bloque creativo, su duelo y traumas infantiles, descubre que el lugar está embrujado por una bruja. Desde el inicio, Ohm se muestra altivo y hostil, descartando las supersticiones del personal y llegando a actos violentos, como cuando quema la mano de un joven botones con una cuchara al rojo vivo.

Adam Scott describe interpretar a este personaje como una experiencia liberadora, ya que no debe suavizar sus acciones ni buscar justificarlas. Este enfoque permite explorar a un hombre con defectos profundos y, en ese proceso, ofrecer una versión de folk horror donde el antagonista principal no es un villano con matices redentores, sino una figura auténticamente quebrada.

La justicia poética de la narrativa y la influencia de los 80

Detrás de cámaras, Damian McCarthy, director del filme, ha explicado su decisión de tejer un destino irónico para Bauman: los personajes que él maltrata, incluyendo al botones Alby, retornan en forma de castigos sobrenaturales que reflejan el tormento interno del protagonista. Esta dinámica amplifica la atmósfera opresiva, alejándose del horror tradicional para apostar por un relato psicológico y visceral.

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McCarthy reconoce una inspiración clara en grandes clásicos del cine de terror de los años 80, como The Thing y They Live de John Carpenter, junto con Evil Dead II y filmes de suspense que retratan la lucha por sobrevivir contra fuerzas implacables. Elige además ambientar el tiempo y el espacio en un marco indefinido, con una mezcla anacrónica de tecnología y vestuario, lo que añade una capa de extrañeza que desconcierta y atrapa al espectador.

Un legado de imágenes terroríficas y escenas que marcan

Tanto Scott como McCarthy comparten sus influencias personales que los impactaron en el género. El director destaca el icónico momento de la película Ringu (El Aro) cuando el fantasma Sadako emerge de la televisión, una imagen simple pero persistente en la cultura del terror. Scott, por su parte, recuerda una escena desde su niñez con un terror silencioso en Marathon Man, protagonizada por Dustin Hoffman, donde la tensión se crea con sombras y murmullos que evidencian una amenaza invisible.

Estas referencias se reflejan en la atmósfera de Hokum, que se siente tanto clásica como original, enraizada en los miedos ancestrales y contada con un pulso moderno que privilegia lo psicológico sobre los golpes visuales fáciles.

El folk horror como terreno para la exploración humana

Más allá del susto, Hokum invita a reflexionar sobre la oscuridad en la naturaleza humana a través de un escenario sobrenatural. La complejidad del personaje de Ohm Bauman, tan poco simpático como difícil de ignorar, abre una vía para dialogar sobre cómo enfrentamos los fantasmas del pasado y la culpa, en un entorno que une mitología, leyendas populares irlandesas y el peso personal del duelo.

Esta película prueba que el terror folk no solo puede explotar el miedo a lo desconocido o lo macabro, sino también explorar territorios emocionales densos y personajes que evitan la redención fácil, un contraste refrescante dentro de un género que suele recurrir a héroes más claros y víctimas inocentes.

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