
El final de The Devil Wears Prada 2 rinde homenaje al icónico suéter cerúleo de Anne Hathaway
Un guiño sutil pero significativo para los fanáticos más atentos
En la esperada secuela de The Devil Wears Prada, el suéter cerúleo que Anne Hathaway llevó en la primera entrega reaparece de forma discreta pero llena de significado en la escena final. Este elemento no solo remite a una de las líneas más emblemáticas de la película original, sino que también enriquece la narrativa y refleja una evolución en el personaje de Andy Sachs.
La importancia histórica del suéter cerúleo en la moda y el cine
El suéter azul cerúleo cobró fama gracias a la icónica escena en la que Miranda Priestly explica a Andy la influencia inconsciente que tiene la industria de la moda en las decisiones cotidianas de las personas. Ese fragmento se convirtió en un clásico que ilustra cómo el cine puede combinar entretenimiento y crítica social.
En esta segunda entrega, el director David Frankel, en colaboración con Anne Hathaway y la diseñadora de vestuario Molly Rogers, recuperó una réplica del suéter original para convertirlo en un chaleco que Andy lleva en los momentos finales. Este detalle, aunque sencillo, es un poderoso símbolo de continuidad y de la identidad del personaje que regresa al mundo de la moda con una perspectiva más madura.
Referencias inteligentes que enriquecen la narrativa
El homenaje no se detiene ahí. La secuela también incluye otras referencias prácticas y sutiles al filme original. Por ejemplo, la escena inicial en Central Park utiliza un elemento visual —un vendedor ambulante sosteniendo dos cinturones— que recuerda a un momento clave donde Andy observa cómo Jocelyn muestra opciones a Miranda. Esta pequeña broma visual funciona como un guiño para quienes conocen bien la película original.
Además, algunos diálogos históricos vuelven a tomar protagonismo, como la frase “Las calorías compartidas no cuentan”, misma que Emily Blunt pronuncia en un tono que mezcla nostalgia y crecimiento. También se revive la dinámica entre Andy y Nigel Kipling, que la llama afectuosamente “six”, y el consejo que Andy le da a la segunda asistente Charlie sobre no subir las escaleras en casa de Miranda, solo para verla hacerlo después.
Jonathan en la crítica y el público: un balance entre nostalgia y modernidad
El filme ha logrado un equilibrio entre rendir tributo al original y avanzar con una historia fresca, especialmente en su crítica al periodismo y los medios en la actualidad. La recepción general ha sido positiva: ha alcanzado una alta puntuación entre los espectadores y una buena valoración crítica que apunta a una entrega sólida y entretenida.
Gracias a este éxito, la secuela no solo amplía el universo de Runway, con Andy desempeñándose ahora como editora junto a Miranda y Nigel, sino que también deja abiertas las puertas para una posible tercera película que podría seguir explorando estos detalles icónicos con mayor profundidad.




