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El impactante giro de género de la serie líder de Netflix que divide a su audiencia

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Una apuesta arriesgada en la narrativa de thriller psicológico

La serie que se ha posicionado como la número uno en Netflix, Something Very Bad Is Going to Happen, ha sorprendido a sus espectadores con un cambio de género tras su primer episodio. Esta audaz decisión narrativa ha generado opiniones divididas, pero también ha consolidado la propuesta como una de las más innovadoras dentro del thriller contemporáneo.

Desde sus primeros minutos, la historia se sumerge en el terreno del horror psicológico. Protagonizada por Camila Morrone en el papel de Rachel, una mujer que se prepara para su boda con su prometido Nick, la trama inicia con un tono inquietante y oscuro que establece una atmósfera de suspenso constante. El arranque no escatima en sustos y secuencias perturbadoras que evocan películas como Dead End y I’m Thinking of Ending Things, donde lo surreal y alucinatorio moldean la experiencia narrativa.

El primer episodio: un crescendo de terror y misterio

El episodio inicial, titulado „Never Get On One Knee“, despliega un ambiente opresivo y angustiante que combina elementos de horror gótico con una tensión psicológica muy palpable. Desde la escena inicial en la que Rachel casi sufre un accidente, hasta situaciones tan inquietantes como un bebé llorando abandonado y un extraño hombre en un bar que cuestiona la relación de la protagonista, cada escena está diseñada para sumergir al espectador en un estado de alerta constante.

También juega un papel simbólico la aparición reiterada de zorros muertos, cuyos significados se desvelan paulatinamente, aumentando ese aura de pesadilla y extrañeza que caracteriza este episodio. Esta táctica contribuye a que el público experimente la sensación de ir comprendiendo un lenguaje visual y temático muy particular, cargado de presagios.

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Un giro tonal que desafía expectativas

Lo que hace única a la serie es la transición radical que sucede tras este estruendoso comienzo. Los episodios siguientes se distancian del terror explícito para caminar hacia un drama oscuro con toques de comedia negra. Esta vuelta de tuerca no solo sorprende, sino que profundiza en las relaciones familiares y tensiones cotidianas, transformando el malestar inicial en una atmósfera incómoda pero menos abiertamente terrorífica.

La creadora Haley Z Boston ha confirmado que esta estrategia fue totalmente intencionada. En declaraciones recientes señaló que: „El piloto es puramente terror, con muchos sustos, seguido de un segundo episodio tenso, y luego la serie se traslada hacia un drama familiar con matices incómodos“. Esta mezcla de géneros le otorga a la serie un ritmo fresco y dinámico, permitiendo que los momentos de humor ácido y las interacciones sociales disfuncionales resalten más después de la intensa pesadilla del primer capítulo.

Balance entre crítica y audiencia

La serie se ha ganado el aplauso de la crítica, exhibiendo una valoración sólida que destaca esta audacia narrativa. Con un 84% de aprobación entre los críticos, la ejecución del cambio tonal ha sido vista mayoritariamente como un acierto que enriquece la historia. La audiencia, por su parte, aunque algo más dividida con un 64% de aprobación, reconoce la calidad en la construcción de personajes y atmósferas.

Este enfoque dual, que conjuga la crudeza del horror con la cotidianidad perturbadora, ofrece una experiencia diferenciada en el catálogo de Netflix, donde las series de thriller psicológico suelen optar por un tono más homogéneo a lo largo de toda la temporada.

El desafío del desenlace y la expectativa de futuro

Como en muchos relatos complejos que juegan con la ambigüedad y el simbolismo, el desenlace es clave para definir la identidad completa de la serie. Something Very Bad Is Going to Happen mantiene esa fina línea entre lo explícito y lo sugerido hasta casi el final. Sin embargo, la resolución parece apuntar a un cierre definitivo, descartando una segunda temporada y dejando abiertas interpretaciones más sombrías sobre sus acontecimientos.

En definitiva, la producción se presenta como un experimento narrativo que invita a replantear cómo se puede abordar el género thriller en la era del streaming, fusionando elementos de horror y drama con eficacia y estilo propio.

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