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¿Por qué las películas slasher son las más divertidas del cine de terror?

El irresistible encanto de lo absurdo en el cine slasher

Cada vez que se debate sobre cuál es el mejor género cinematográfico, la conversación se diversifica: dramas emocionales, ciencia ficción innovadora, comedias románticas, thrillers que nos roban el aliento. Pero hay un tipo muy particular de cine que desafía cualquier lógica tradicional de lo ‘bueno’ o ‘malo’: el slasher. No se trata solo de ver sangre y vísceras en pantalla. Lo que realmente cautiva de los slashers es esa capacidad única de entretener incluso cuando la película resulta, objetivamente, mala.

Todo vale: iconos, escenarios inverosímiles y muertes creativas

Franquicias como Halloween, Pesadilla en Elm Street o Viernes 13 han sabido mantenerse vigentes gracias a su desparpajo. Uno podría pensar que múltiples secuelas flojas enterrarían la reputación de cualquier saga, pero aquí pasa todo lo contrario. Jason Voorhees decapitando en Manhattan o atacando en el espacio. Leprechaun sembrando el caos en el barrio. La gracia está en que mientras más ridículo el escenario y más forzado el argumento, mejor lo pasa el público fiel al género. Nadie espera aquí una actuación digna de Oscar, pero sí demandas que cada muerte sea más imaginativa y extravagante que la anterior. Y cuando lo logran, se convierten en momentos icónicos de la cultura pop que se revisitan y parodian desde videojuegos hasta capítulos de Los Simpson.

Por qué amamos hasta los peores slashers

Lo curioso del slasher es que, mientras otros géneros se hunden con malas películas, aquí el público le encuentra el gusto justo a eso. Un mal slasher suele ser más entretenido que un mal drama o un fallido romance. Hay una complicidad: los fans saben detectar clichés, aplauden personajes absurdos —esos secundarios que toman siempre la peor decisión posible— y esperan giros de guion completamente inverosímiles. El slasher se disfruta porque nunca se toma demasiado en serio y entrega diversión pura y sin pretensiones. De hecho, muchas de las películas más memorables son aquellas que no se perciben técnicamente buenas, pero sí legendarias por su atrevimiento estético y narrativo.

Cuando un slasher es realmente bueno… es oro puro

Nadie va a negar el valor de los slashers hechos con maestría. El Halloween original, algunos títulos de la saga Scream o La matanza de Texas son auténticos referentes. Son películas que equilibran el terror, la tensión y una mitología poderosa capaz de crear pesadillas colectivas. Pero el género nunca descuida la posibilidad de reinvención. Las nuevas generaciones encuentran joyas como You’re Next, X, Pearl, la trilogía Fear Street de Netflix o la atmosférica In a Violent Nature. Todo esto contribuye a que el slasher se mantenga fresco, relevante y, sobre todo, terriblemente divertido, ofreciendo experiencias que van desde homenajes hasta la pura parodia autorreferencial.

Un género que siempre invita a repetir

La clave está en que, al poner un villano icónico en entornos cada vez más absurdos, el público sabe que el espectáculo está asegurado. Es casi un ritual: maratón de slashers, palomitas y ese divertido concurso interno por predecir quién será la próxima víctima —sabemos que casi nunca es el protagonista, y aún así, lo disfrutamos igual—. En un mundo cinematográfico tan diverso, el slasher sigue siendo ese refugio de placer culposo que, si bien nunca busca el prestigio de los premios, se gana su lugar en nuestra memoria… y en cada noche de terror compartida.

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